La Obsolescencia Programada

Seguro que alguna vez habréis escuchado de vuestros padres o abuelos la expresión de “Hacen las cosas para que se rompan” o “cada día las hacen peores”. Eso mismo me decían mis abuelos, pero como suele pasar casi siempre, se ignoran estas sabias palabras.

En aquellos momentos, tenía argumentos para rebatirlos remitiéndoles a la calidad y al marketing, o a el enfoque de que un producto si es bueno y te dura, lo recomiendas y lo vuelves a comprar, pero eso se me ha desmoronado cuando vi el documental “Comprar, tirar, comprar” que os recomiendo encarecidamente a todos que lo veáis detenidamente. Ahora las empresas hacen productos, sean o no de calidad, que tienen estimada una vida útil, después de la cual generan un error automático que sea “costosamente” reparable.

Como es el caso de impresoras, en las cuales aparece un error y hay que llevarlas a arreglar, de tal manera que la implicación en la reparación de este producto podría suponer la igualación del coste de comprarse una similar. Y como todo buen consumidor, si vemos que una impresora de 100€ nos costará arreglarla 50, valoraremos la opción de comprar una nueva, pero incluso cuando repararla supusiera pagar 40 o 30€ quizás no pero se nos pasa por la cabeza (ahí entra el marketing y las “innovaciones”).

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Creo que estamos haciendo un daño inimaginable al medio ambiente desechando todo lo que “no está a la moda” debido al aumento de valor y funcionalidades de los objetos. Un claro ejemplo es el teléfono móvil, que inicialmente era sólo y únicamente para llamar pero que con el tiempo se ha convertido en un instrumento indispensable de contacto social y corporativo. No sólo hablamos, sino que mandamos sms, navegamos por internet, charlamos por redes sociales, vemos películas, lo utilizamos como “walkman”. Cuando lleva un par de añitos, ya empiezan a hacernos ofertas las compañías operadoras de la competencia ofreciendo un móvil mejor, o simplemente la misma compañía fidelizando al cliente con el programa de puntos, pero consistente en lo mismo: desechar cosas que seguían cumpliendo esta función por otras que hacen lo mismo pero mejor, o hacen más cosas.

Creo que aquí tenemos culpa todos: nosotros –consumidores- por dejarnos engatusar por las tendencias y modas, las operadoras por ofrecernos móviles como billete de “cambio” (nunca mejor dicho) y las empresas por sólo mirar cómo vender más. Somos nosotros los responsables de estar acortando la vida útil de objetos como el móvil, ya que la vida media de este no supera apenas los dos años, y claro, ¿qué hacen los fabricantes? Reducen su calidad y vida útil a la mitad –o incluso menos-, con esto lo abaratan, amplían sus márgenes, sus ventas y todos contribuimos felizmente al desastre ecológico. Algo de esperanza se empieza a notar en la sociedad. Algo de “moda ecológica” empieza a salir a la luz, como casi siempre, en el momento de –casi- no retorno.

También creo que la sociedad debe concienciarse más aún del daño que le estamos haciendo al medio ambiente, del daño que producen las modas y las tecnologías –no renovables- y lo que es más importante; del daño que estamos causando nosotros mismos con nuestras modas, tendencias y megatendencias de tener “lo mejor” y “lo último” y “lo que más cosas sea capaz de hacer” para presumir de ello. Pienso que los gobiernos no deberían de ocultar el daño que le estamos haciendo al medio ambiente con gestos que, probablemente no sabíamos que lo harían o simplemente no caeríamos en la cuenta. Hay que ver la ecología como un buen modelo de negocio, un modelo rentable y para eso tenemos que estar todos con ello, porque nuestra casa es el planeta y lo maltratamos día a día.

En mi caso, muchas veces, el ser fanático de las nuevas tecnologías puede crear en mi cientos de incongruencias. Por un lado quiero tener siempre lo último, porque por mi trabajo necesito conocer las últimas tendencias y saber manejarlas perfectamente, pero por otro no quiero tirar lo que todavía funciona perfectamente. Por ello he logrado encontrar un método para desfogarme: con ayuda de internet, reparar cualquier cosa que se estropee. Aquí hay que resaltar el papel importante que está teniendo Internet en el desarrollo de autodidactas y gente que soluciona ellas mismas las cosas. Como ejemplo pondré, que una impresora dejó de funcionar y que (al estar ya averiada) no tuve reparo en meterle mano. Mi sorpresa fue mayúscula cuando después de varias horas desmontando piezas, logré dar con el problema (teniendo mínimos conocimientos de electrónica) y solucionarlo. Para mi fue una satisfacción enorme y algo que podría enriquecernos a todos.

Y tú, ¿pones de tu parte?